sábado, 7 de mayo de 2016

Como esos golpes del destino
cuando ya no esperas
nada de algo.
Apenas sobresaliendo de un pequeño pilar
adornado con bailarinas de Lautrec,
entelada por cabezas
que afirmaban o negaban
como globos sujetos por un hilo
Te ví...
Aparecias y te eclipsabas
entre vasos largos
que vagaban del mostrador a las bocas
con pulsos epilépticos.

Como una bala perdida
atizada sin destino
sin más gloria que alojarse
en la posada de unas entrañas cualquiera.
Recibí el impacto,
justo al ver la arista de la que había sido
tu cara.
No dejabas de ser tú

pero ya no lo eras...
También un rayo
un rayo tajaba la mantequilla de mi carne
paralizado, mirándote, desangrándome.
Te movías en aquella trinchera
como una danzante ciega,
....De vuelta de entre los muertos.
Habías perdido el color del chocolate
tus mejillas se desconchaban 
dejando al aire sin pudor
la arcilla terrosa y seca.
De tus ojos habían caído algunas piedras
quizás con musgo aún fresco...
En las arcadas últimas de tu desintegración,
falsa imagen de estatua griega,
la arenisca delataba tus escondites.

Corrí sin saber dónde...
Cuando el viento me azotó la cara
sentí olor a sangre, el dolor de la metralla....
Tuya...

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